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Lo que callamos los fotógrafos

15 Ago , 2017  

Cuando estaba en la universidad necesitaba conseguir un trabajo con urgencia, por lo que decidí convertirme en fotógrafa para eventos sociales. Cuando les decía a mis amigos, familia o al resto de la gente a qué me dedicaba, lo primero que me decían era: “pura fiesta, ¿verdad?”, amigos, lamento decirles que no.

Ser fotógrafo de eventos sociales es bueno y gratificante –sobre todo en el aspecto laboral-, pues te da la experiencia necesaria si te quieres dedicar a la fotografía. Sí, aprendí mucho y no lo voy a negar, de cada uno de los eventos a los que asistí se aprendía algo, sobre todo que la competencia mata.

¡No te vayas! te voy a contar algunas experiencias que seguramente te harán reír y llorar, si te identificas conmigo, más de una vez.

Los fotógrafos para XV años deberían ser calificados como héroes; sí, muchachos, como lo escucharon, ser fotógrafo para este tipo de eventos es todo un show pues siempre hay que correr tras la festejada y todos sus amigos.

En una ocasión, llegué a la casa de la quinceañera con todo mi outfit digno de los fotógrafos para XV años y en la puerta de la casa había una limosina enorme, ya imaginarán mi emoción pues nunca me había subido a una de esas cosas. Cuando llegó el momento, fui la primera en subir –justificando las fotografías-, todo fue color de rosa hasta que me pidieron que me sentara en un espacio en el que ni siquiera era para eso.

Una vez en el camino pensaba en lo feliz que hubiera sido, pero ¡si me hubieran pagado por golpe!, eso que pensaba sería divertido se convirtió en toda una pesadilla, pues parecía que el chofer era una especie de vengador y trataba de darme una lección.

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Durante el trayecto, la festejada quería unas fotos espectaculares por la quema cocos, no sabía si reír o llorar así que salí como pude de entre ese ramillete de adolescentes para tomar una foto, me sentía como perro con la cabeza fuera del auto, pero para nada fue agradable. Al final fui nuevamente la más feliz, pero por bajar de aquella pesadilla llamada Chevrolet Hummer –sí, aunque no lo crean investigué-.

Cómo estas hay muchas historias más y, aunque ahora me rio al contarlas, fueron toda una aventura con Party paparazzi de la que ahora no me arrepiento, pues me ayudaron a mejorar como fotógrafa y a perderle el miedo a mi carrera.

Si tienes alguna historia sobre tu primer trabajo no dudes en compartirla, así como no olvides hacerlo con este POST y regalarnos un LIKE.


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